Si leerás más abajo, comprenderás lo de las fotos.
Y bueno, la historia es ésta: A Max hace unos días lo veía raro, quizá hasta enfermo. Y pensé en soltarlo, para que no le transmitiera la enfermedad a Isabella. La pielecita que hay entre el pie y el borde de la concha, se le hinchaba, y tenía un puntito blanco al lado de la cabeza. Además, lo veía desganado, no estiraba mucho sus ojos, y se movía poco.
Un día iba yo pasando por ahí, y lo vi: en el pote de mi paphio cavando. No se imaginan la felicidad que rebozaba de mí, que mi Max no estaba enfermo, y que iba a tener pequeños "Maxabellitos". Fue un ocio interesante: me quedé observándolo durante mucho tiempo; perdí la noción de éste.
Finalmente me cansé, hasta que al día siguiente me fui a checarlo. Ahí seguía, sólo que la concha más afuera, y la parte frontal de su cuerpo totalmente metida en el sustrato. Me tuve que ir rápido, por un asuntillo. Al llegar en la noche, igualito. Así que *preocupado* lo saqué suavemente de ahí. Observé el agujero y vi los huevos...
Lo puse de vuelta. Dejé pasar un tiempo. Ese mismo día, un ratote después con la curiosidad y preocupación por que se los coma matándome, lo saqué otra vez. Para colmo, tenía un huevo al costado de la cabeza. Lo observé y estaba enterito. No supe si se lo merendaba o no, pero devolví ese huevo al resto del grupo y cuál fue mi sorpresa al ver que de ahí mismo empezó a salir otro huevo.
Por cierto, no tienen los ojos desplegados mientras hacen eso. Lo puse ahí otra vez y vine esta mañana. ¡Ya no estaba! Fue cuando empecé a quitar los huevos y todo eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario